viernes, 12 de agosto de 2016

Vuelta a Santiago, recorrer caminos nuevos

 La noche no fue mal. De las nueve horas que duraba el viaje en autobús desde Villarrica hasta Santiago pasamos la mayoría dormidos. Antes de la hora prevista, hacia las 7.15 estábamos en la terminal central de buses de la capital chilena. Hoy era día laborable y hora punta por lo que, como cabía de esperar, nuestro viaje desde el centro hasta el colegio de los Escolapios en metro ha sido una agonía. Después de más de una hora hemos llegado con nuestras maletas y con muchas ganas de ducharnos, desayunar, lavar ropa... necesidades a las que nuestro anfitrión, Aitor Bilbao, ha respondido nada más llegar. Tras charlar en el desayuno con él y planificar el día de mañana nos hemos marchado los tres al centro porque él tenía que trabajar.

En Santiago teníamos algunas cosillas pendientes de la visita que realizamos hace ya dos semanas. Primeramente nos hemos acercado hasta el Cerro Santa Lucía. Antes de subir hemos paseado por el mercado artesanal que lleva el mismo nombre. Desde lo alto del cerro hemos vuelto a recordar la ciudad pero no la hemos disfrutado tanto como la vez anterior porque el smog (humo/polución) que cubre estos días la ciudad es muy molesto.



Desde allí hemos ido a pie hasta el Patio Bellavista, una zona llena de bares y restaurantes y hemos degustado comida chilena. Lo que hemos constatado en el camino es que en este mundo globalizado hay modas que son muy comunes, como la de concentraciones para cazar Pokemons.



Tras reponer fuerzas, desde las 4 hasta las 6 (y porque nos han echado el cierre) hemos disfrutado del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. Un bonito museo que recoge con periódicos, fotos, videos, musica, declaraciones y, sobre todo, mucha sensibilidad  lo acontecido desde el golpe militar del 73 hasta el Chile de después de la dictadura. Es un museo gratuito que al que merece la pena dedicarle un buen rato. (La foto es prestada porque no se permitía tomar fotografías dentro).

Tras eso, tomar el metro y retornar al colegio para cenar tranquilamente y descansar. Os dejamos con una frase del museo y con una canción.

"Para nunca más vivirlo, nunca más negarlo"






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