Tal y como habíamos previsto el despertador sonó a las 7.30, nos duchamos, desayunamos, hicimos las mochilas y arrancamos el coche camino del aeropuerto. La Patagonia chilena nos despidió con un amanecer impresionante frente al estrecho. Facturamos y cuando nos disponíamos a embarcar nos dijeron que debido a problemas técnicos no despegaríamos hasta nueva orden, por lo que nos dispusimos a tomar café y matar el tiempo en el aeropuerto.
Nuestro avión despegó un par de horas más tarde de lo previsto y en nuestro viaje en dirección norte sobrevolamos las Torres del Paine que tanto nos habían impresionado unos días atrás.
Aterrizamos en Puerto Montt y de allí directamente hasta Puerto Varas, una localidad a orillas del lago Llanquihue, rodeada de dos volcanes. Desde aquí la gente sale a hacer alpinismo y esquí por la zona.
Nuestro plan es pasar un par de días por aquí para disfrutar del paisaje. Es muy probable que no nos sea posible puesto que es una zona muy húmeda y llueve mucho. Hoy mismo, cuando estábamos llegando a casa a empezado a llover y ha caído una tromba considerable de agua.
A parte de todo eso, en Puerto Varas hemos alquilado una cabaña de madera en la que la lluvia resuena el doble, el entorno está sin asfaltar por lo que el barro y los charcos son abundantes y tiene chimenea en lugar de calefacción, por lo que el olor a ahumado que llevaremos en los próximos días sera interesante.
Si esto no fuera suficiente, a la puerta de la cabaña hay tres perros callejeros que siguen a los turistas hasta el centro, y así hemos ido los tres con nuestros tres compañeros probablemente pulgosos.
Si esto no fuera suficiente, a la puerta de la cabaña hay tres perros callejeros que siguen a los turistas hasta el centro, y así hemos ido los tres con nuestros tres compañeros probablemente pulgosos.
Por lo demás esta tarde nos hemos dedicado a descansar, pequeño paseo, visita a la oficina de información, compras para llenar el frigorífico y lavadora y secadora.


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