lunes, 1 de agosto de 2016

Llegada a la Antártica chilena




Despertarse temprano, desayunar viendo amanecer sobre Santiago, hacer la maleta y (¡sorpresa!) antes de tiempo el taxi esperando en la puerta del apartamento. Para las 10 de la mañana estábamos en el aeropuerto facturando la maleta hacia Punta Arenas.Se trataba de recorrer los 3 mil kilómetros que separan la capital de Chile de la ciudad continental más austral del planeta.

El vuelo no ha sido malo pero hemos tenido que parar en Puerto Montt para hacer una escala sin bajarse del avión, por lo que hemos llegado a media tarde a nuestro destino. El único problema es que al estar muy cerca de la polo sur y en invierno anochece muy pronto, por lo que antes de las 5 el sol desaparece por el horizonte.

Punta Arenas es una ciudad curiosa. Muchas casas de no más de dos plantas esparcidas por una gran extensión y todo tipo de comodidades para los viajeros que se acercan (sobre todo en verano) atraídos por la zona sur de la Patagonia. Nos encontramos en la costa, a la orilla del estrecho de Magallanes a unos 2 o 3 grados bajo cero. Normalmente por estas fechas la zona suele estar nevada, pero el cambio climático también afecta en este lado del planeta y, aunque hay mucha nieve en el entorno, no hay nieve en la ciudad.




Tras acomodarnos en el apartamento y hacer compras para el desayuno hemos buscado un sitio para cenar: vino chileno, una buena sopa para entrar  en calor y algo de pescado y marisco de la zona. Con la tripa bien llena y paseando entre la espesa niebla hemos vuelto al calor de nuestro alojamiento a descansar.
Por delante tenemos unos cuantos días para disfrutar del entorno a la luz del día.

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