domingo, 31 de julio de 2016

Los barrios periféricos de la capital

Hoy decidimos que, después de la paliza a pie de ayer, andaríamos sin prisa, por lo que el despertador no sonó hasta las 10. Nos fuimos desperezando al mismo ritmo que la ciudad, que los domingos parece volverse perezosa. A medio día quedamos de  nuevo con Pancho y nos prometió que en esta segunda jornada no caminaríamos tanto.
Agarramos el micro (autobús) y recorrimos toda la zona financiera de Santiago sorprendiéndonos a cada cuadra por los altísimos edificios de cristal que nos encontrábamos. Nos bajamos al final del trayecto, cerca del convento de los Dominicos, donde visitamos un gran mercado de artesanía que simulaba un pequeño pueblo.

Desde allí atravesamos la ciudad por debajo para llegar a los barrios de Brasil y Yungay, situados en el oeste. Son barrios antiguos de la ciudad donde se mantienen edificios bajos y que recuerdan a la vieja Habana, donde viven muchos jóvenes, artistas, gente humilde... Junto con el color de las fachadas, se mezclan casas abandonadas, nuevos murales y graffitis.





Al atardecer, volvimos al centro y tras bordear el cerro  Santa Lucía recorrimos las calles París y Londres, junto a la iglesia de San Francisco. Se trata de calles que surgieron entorno a la iglesia de los franciscanos y se diseñaron imitando los edificios de ambas ciudades. En esta zona, durante la dictadura de Pinochet, hubo un centro de detención. Hoy se encuentran diferentes alojamientos y locales de asociaciones.





Una vez más, y a pesar de no haber caminado tanto, volvimos al apartamento cansados. Hacer la cena, descansar y pensar en hacer la mochila para volar por la mañana más al sur aún. Hemos terminado la primera de las varias visitas que realizaremos a la capital a lo largo del mes.

sábado, 30 de julio de 2016

Santiago de Chile nos recibe con los brazos abiertos




Tras recorrer 11.000 kilómetros entre Madrid y Santiago hemos amanecido sobrevolando el continente americano. Los primeros rayos del sol nos han descubierto la belleza blanca de la Cordillera de los Andes mientras desayunábamos a 10 kilómetros de altitud. Hemos aterrizado entre la más espesa niebla que cabe imaginar en la heladora capital Chilena, que nos recibía con tres grados.
Nuestro cicerone Pancho llegó rápido y en el taxi que habíamos alquilado nos acercamos a nuestro apartamento en el centro.
Tras asearnos y cambiarnos, desayunamos por segunda vez, dos cuadras más allá de nuestro bloque de apartamentos y, hacia las 11 de la mañana, cuando el termómetro marcaba 17 grados, comenzamos a caminar.




Actividad que, por otra parte, no cesaría hasta las 8 de la tarde. Con la grata compañía y las magníficas explicaciones de Pancho hemos recorrido mercados, Plaza de Armas, catedral, Museo de historia precolombina, Palacio de la Moneda… conociendo el barrio Providencia (donde nos alojamos); zona centro, Bellavista y Lastarria.
Para acabar el día subiendo en funicular al Cerro de San Cristóbal para ver el atardecer desde allá y poder disfrutar de la grandeza de la ciudad que, tal y como nos había recibido, se volvía a cubrir de niebla.



Ha sido un día intenso en el que hemos caminado mucho y hemos podido conocer muchos rincones de Santiago de Chile. Una ciudad viva con mercados abarrotados de clientes, avenidas atestadas de coches, parques tranquilos donde correr o descansar, grandes torres nuevas combinadas con antiguas viviendas bajas coloniales, edificios en desuso con joyas históricas restauradas y reconvertidas en centros culturales o comerciales. En definitiva, un ciudad acogedora y para todos los gustos.

viernes, 29 de julio de 2016

¡En marcha!

Intentar meter en la maleta toda la ropa que crees necesaria sin que reviente. Combinar ropa de verano para visitar la isla de Pascua y el desierto de Atacama y con ropa de invierno para recorrer la Patagonia. No sobrepasar los 23 kilos de equipaje. Hacer escala en Madrid y esperar cenando al vuelo que nos ayudara a cruzar el Atlántico.
Tras superar todas esas fases las emociones y planes se acumulan en una charla en Barajas compartiendo unas cañas. Chile ¡allá vamos!